ESTELA ARRIAGADA PSICODIAGNOSTICO

 

LA CAJA DE LOS TRUENOS

Migración: A tiempo y a destiempo

 

Es curioso cuando sin buscarlo se juntan materiales sobre el mismo tema. En esta ocasión me he encontrado una vieja serie de televisión (tiene ya 4 años) “Vientos de agua” del oscarizado argentino Campanella y un libro que se acaba de presentar en sociedad en la sede del Parlamento Europeo de Madrid, titulado “Historias del otro. Migración: Psicología y Literatura” de la psicóloga clínica Estela Arriagada (edición de Punto Rojo).

Ambas abordan la experiencia migratoria no como fenómeno sociológico, abstracto y estadístico sino como parte de la vida y muy especialmente de la vida en nuestro tiempo que en su ir y venir mueve a millones de personas por el mundo constantemente.

Y es que la migración hoy es también española; cuando ya pensábamos que no habría 'gallegos' hambrientos cruzando el océano, hoy la juventud vuelve a volar de su tierra, ya sea por los contratos globalizados que movilizan por toda la tierra a los “recursos humanos”, ya sea por el paro crónico, ya sea por la imposibilidad de lograr trabajos acordes con las grandes capacidades y especializaciones de las generaciones mejor formadas de la historia de España (aunque sean odiosas las comparaciones es evidente que los años de democracia y el desarrollo tecnológico con el apoyo de ciertas políticas educativas han tenido sus frutos, aunque hoy todo eso esté en saco roto).

Para entender como es esta experiencia que marca la vida de propios y ajenos se necesitan narradores. La tele lo cuenta con sus mecanismos de “españoles por el mundo”, donde hace unos años se veía glamour en vivir en sitios lejanos o exóticos, hoy volvemos a ser protagonistas del viaje, no solo receptores.

Campanella narra la historia de un asturiano que emigra a Argentina en el 34 escapando de un conflicto minero y la de su hijo menor que vuelve a España como argentino huyendo de la crisis del 2001. Dos experiencias con muchas similitudes y también diferencias, que en su decir narran la necesidad de reinventarse en los nuevos contextos, de encontrar un lugar, e incluso una nueva identidad. Hablan de rupturas, melancolías, deseos, necesidades, problemas...y de como la adaptación, en todo entorno, es necesaria para la evolución y la superviviencia, y en cada caso, la creación resulta imprescindible.

Este mismo reflejo de “Vientos del agua” se puede encontrar en el texto de Arriagada que es a su vez un crisol de textos. A lo largo de ocho años ha recogido relatos “verdaderos”, testimoniales, y “ficticios”, de la literatura, que analiza desde la categoría de la psicología la experiencia migratoria poniendo en marcha cierta convicción psicoanalítica sobre la realidad de todo relato y sobre el carácter de ficción de todo decir. Así, sea un comentario literario o testimonial no importa a la hora de relevar los deseos humanos y su construcción en los acontecimientos migratorios.

El índice refleja como el libro se convierte en un viaje en sí mismo: Las razones, La decisión, La partida, Llegar, El duelo, Nosotros y el otro, Buscar la vida, Los lazos, Salud y servicios, Quedarse y Volver.

Cuando llega a examinar la jerga que se ha creado desde los medios de comunicación para hablar de las personas que carecen de documentación (ilegales, sin papeles, indocumentados...) se une con otro tema tratado por Zweig, que tras ser uno de los escritores más traducidos y editados de principios del siglo XX, padeció en carne propia la pérdida de identidad cuando trató de seguir su vida lejos de Austria tras la ocupación nazi.

El control que ejercen los estados sobre la identidad y los movimientos de viajes o inmigrantes es una forma de violencia constante al más estilo de la secesión que se producía en Europa cuando había epidemias de peste, tal como analiza Foucault en su “Vigilar y castigar”. Vigilar es una forma de castigar.

El libro de Arriagada analiza las diferentes formas de ser extranjero, incluyendo menciones a la concepción freudiana y de J. Kristeva sobre como el descubrimiento del inconsciente nos revela un territorio extraño en nuestro interior con contenidos extraños para nosotros (como yo consciente), es decir, todos tenemos un extraño en nosotros mismos. De su reconocimiento o negación vendrán a resultar diferentes formas de psicología y de comportamiento hacia nosotros y hacia lo que sentimos como diferente, los otros.

Analiza la autora cómo algunas psicologías débiles reaccionan con violencia hacia la diferencia, como si con ese gesto reafirmaran su identidad y la reforzaran asignándole las cualidades positivas por oposición a lo negativo que es todo lo que perciben como diferente en el otro, el extranjero.

Y nadie se salva de este tipo de pensamiento opositivo-dialéctico. Pensando en ello me descubro percibiendo como otro, diferente y opuesto a mi, a casi todos los políticos actuales de la derecha española. Me parece incomprensible que tanta mediocridad ocupe el lugar de las decisiones del poder. Pero están ahí, desmantelando el mundo que conocíamos. Poco a poco se han ido haciendo con el poder económico y luego con el político y hoy parecen imparables e impermeables a la realidad y a cualquier alteridad. En tanto su proyecto avanza sin obstáculos.

Así nos encontramos en otro punto de inflexión del mundo al modo en que lo describían numerosas plumas en los años 30 y 40 cuando constataban la expansión del poder simbólico del nazismo primero y luego el fáctico, el de la fuerza de las armas. Ellos destruyeron el mundo anterior sin que nadie pudiera hacer nada, cuyos daños son irreparables en vida y en empobrecimiento cultural, un desencanto sin redención que hoy da otro giro de tuerca avalado por el relativismo en el que se mueven las ideologías dentro del capitalismo.

Es muy interesante como la vivencia de la migración debe ser abordada según la autora como todo proceso de crecimiento de cualquier sujeto, que en su evolución desde las diferentes etapas de la niñez, adolescencia, madurez, muerte de seres queridos etc etc, debe desarrollar herramientas psicológicas que le permitan adaptarse a las nuevas situaciones y experiencias. La vida como un proceso evolutivo de adaptación se aplica también al proceso migratorio, independientemente de la crueldad del punto de partida y de llagada de cada caso. Evolucionemos pues.

 Opinión. Mariana Urquijo Reguera. 28 marzo 2014