ESTELA ARRIAGADA PSICODIAGNOSTICO

 

Segunda parte de la “Historia del otro”

 

El libro de Estela constituye una narración y análisis casi como una antropología de la migración con enfoque psicológico, intercala cientos de comentarios de personas, inmigrantes o no, reales o no, poniendo en marcha cierta convicción psicoanalítica sobre la realidad de todo relato y sobre el carácter de ficción de todo decir. Así, sea un comentario literario o testimonial no importa a la hora de relevar los deseos humanos y su construcción en los acontecimientos migratorios.

Cuando llega a examinar la jerga que se ha creado desde los medios de comunicación para hablar de las personas que carecen de documentación (ilegales, sin papeles, indocumentados…) se une con otro tema tratado por Zweig, que tras ser uno de los escritores más traducidos y editados de principios del siglo XX, padeció en carne propia la pérdida de identidad.

Zweig, viajero incansable, se fue de la Austria que comenzaba a adoptar las costumbres de la Alemania hitleriana. Se refugió en Londres donde no fue recibido como anteriormente como el gran escritor sino como un refugiado más que debía hacer papeleos interminables y colas inhumanas. Pero el colofón sucedió el día de su segunda boda cuando el juez o burócrata que les iba a casar se negó porque su documentación no era válida. Hitler había entrado en Austria y Austria ya no existía, ser austríaco era anacrónico.

En “La embriaguez de la metamorfosis” cuenta otros tantos casos, en esta ocasión a cuenta de la repartición territorial consecutiva a la Primera Guerra Mundial donde mucha gente debió optar por ser austríaco o italiano. Pero como buen ejemplo de burocratización de la identidad se estableció un plazo para ello. Y los que llegaron después porque permanecieron presos o enfermos tras la guerra, se quedaron atrapados en un limbo legal que nunca se reconoció.

El control que ejercen los estados sobre la identidad y los movimientos de viajes o inmigrantes es una forma de violencia constante al más estilo de la secesión que se producía en Europa cuando había epidemias de peste, tal como analiza Foucault en su “Vigilar y castigar”. Vigilar es una forma de castigar.

El libro de Arriagada analiza las diferentes formas de ser extranjero, incluyendo menciones a la concepción freudiana y de J. Kristeva sobre como el descubrimiento del inconsciente nos revela un territorio extraño en nuestro interior con contenidos extraños para nosotros (como yo consciente), es decir, todos tenemos un extraño en nosotros mismos. De su reconocimiento o negación vendrán a resultar diferentes formas de psicología y de comportamiento hacia nosotros y hacia lo que sentimos como diferente.

Analiza la autora como algunas psicologías débiles reaccionan con violencia hacia la diferencia, como si con ese gesto reafirmaran su identidad y la reforzaran asignándole las cualidades positivas por oposición a lo negativo que es todo lo que perciben como diferente en el otro, el extranjero.

Y nadie se salva de este tipo de pensamiento opositivo-dialéctico. Pensando en ello me descubro percibiendo como otro, diferente y opuesto a mi, a casi todos los políticos actuales de la derecha española. Me parece incomprensible que tanta mediocridad ocupe el lugar de las decisiones del poder. Pero están ahí, desmantelando el mundo que conocíamos. Poco a poco se han ido haciendo con el poder económico y luego con el político y hoy parecen imparables e impermeables a la realidad y a cualquier alteridad. En tanto su proyecto avanza sin obstáculos.

Así nos encontramos en otro punto de inflexión del mundo al modo en que lo describían numerosas plumas en los años 30 y 40 cuando constataban la expansión del poder simbólico del nazismo primero y luego el fáctico, el de la fuerza de las armas. Ellos destruyeron el mundo anterior sin que nadie pudiera hacer nada, cuyos daños son irreparables en vida y en empobrecimiento cultural, un desencanto sin redención que hoy da otro giro de tuerca avalado por el relativismo en el que se mueven las ideologías dentro del capitalismo.

Sigo la trama de “Historias del otro” atentamente. Ahora soy yo inmigrante, mujer de inmigrante, hija de inmigrante, nieta de nietos de inmigrantes. Quizá no hay español ni argentino que sea ajeno a esta condición.

Y pienso en mis amigas, casi todas han emigrado, algunas han vuelto a Madrid, otras siguen en ruta, otras asentadas en otros países con otras culturas y religiones.

Hubo un momento en que para encontrarnos quedábamos por skype el domingo y una de ellas, Elsa, se encargaba de coordinar los horarios de cada país porque vivíamos en seis husos horarios diferentes!

Estoy cerca del final de esta lectura que me ha absorbido la atención en estos días. Ahora tengo ganas de gritar a todos mis amigos que se hagan con un ejemplar y lo lean.

La última parte del texto está dedicada al abordaje clínico de los trastornos que se producen como reacción al enorme estrés que implica el proceso migratorio y que en ocasiones supera la capacidad de adaptación de las personas.

Es muy interesante como la vivencia de la migración debe ser abordada según la autora como todo proceso de crecimiento de cualquier sujeto, que en su evolución desde las diferentes etapas de la niñez, adolescencia, madurez, muerte de seres queridos etc etc, debe desarrollar herramientas psicológicas que le permitan adaptarse a las nuevas situaciones y experiencias. La vida como un proceso evolutivo de adaptación se aplica también al proceso migratorio, independientemente de la crueldad del punto de partida y de llagada de cada caso.

Ahora bien, entre las consideraciones que trae a colación la autora se encuentra la necesidad de tener en cuenta la cultura y la religión de origen de la persona que en su malestar recurre a la ayuda de un psicólogo. La llamada de atención sobre la necesidad de escuchar su relato sin prejuicios ni racismo parece obvia pero ataca a un punto central de la psicología y del psicoanálisis que en mucha ocasiones han sido tachados de limitados a la hora de tratar a individuos de diferentes estratos sociales, culturales e intelectuales, y en última instancia, limitados a sujetos occidentales.

Estas notas de Estela amplían enormemente la capacidad de ayuda de la terapia analítica y clínica, ahora bien, con apertura y desprejuiciamiento (entre otras cuestiones).

Me da la vuelta la cita de este testimonio: “Ya sabes, aquí, en estos climas, nuestros fetiches no tiene su poder natural. Así hay que jugar con la “psicología” (…) Porque la psicología es la brujería fortalecida por la ciencia” (López, H).

Porque como reconoce Arriagada en la p. 331, junto con cierto nihilismo y relativismo de la cultura occidental se han abierto fracturas que paradójicamente abren una buena oportunidad de “consolidar la globalización como fenómeno que vaya más allá de la desaparición de las fronteras sólo para los mercados. Se trata de que la ausencia de fronteras tenga lugar en el marco de la coexistencia a fin de acceder a una verdadera convivencia que de paso a una identidad social diferente que incorpore la pluralidad, que sea cosmopolita”

 

Publicado por Mariana Urquijo Reguera Febrero 2014